COLUMNAS DE OPINIÓN: Un almirante sin su espada

  • Gonzalo Serrano

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COLUMNAS DE OPINIÓN: Un almirante sin su espada COLUMNAS DE OPINIÓN: Un almirante sin su espada 6 6 Consolidada la independencia, nombrado presidente de la República, un cargo que reemplazaba a la figura del Director Supremo. En términos prácticos, el primer presidente de Chile nació en Buenos Aires. Para tranquilidad de los nacionalistas, duró solo algunos meses". nacionalistas, duró solo algunos meses". Gonzalo Serrano del Pozo Doctor en Historia Facultad de Artes Liberales Universidad Adolfo Ibáñez Blanco Encalada fue Un almirante sin su espada la incivilidad y la delincuencia. En esta oportunidad, le tocó el tumoa la estatua del almirante Manuel Blanco Encalada, que quedó sin su espada. Sin posibilidades de que, por ahora, podamos devolvérsela, sí podemos hacer un esfuerzo por rescatarlo del pasado, conocer un poco de su historia y saber que no es la primera vez que ha sido víctima de un acto de deshonra. El primer dato interesante es que Manuel José Blanco y Calvo de Encalada nació en Buenos Aires cuando este puerto todavía formaba parte del Virreinato del Río La Plata en 1790. Alos17 años, seincorporó a la Real Armada de España y cuando tuvo que volver a América a defender los intereses del rey, desertó en Montevideo en 1813. Desde ese puerto, se trasladó a Chile para luchar por la independencia, donde terminó siendo desterrado a Juan Fernández, luego dela derrota de los patriotas. En 1817, retomó la lucha contra las fuerzas monarquistas, destacándose en las acciones navales. Consolidada la independencía, Blanco Encalada fue nombrado presidente de la República de Chile, un cargo que reemplazaba a la figura del Director Supremo. En términos prácticos, el primer presidente de Chile nació en Buenos Aires. Pero claro, en esa época, más que argentino o chileno, Blanco Encalada era considerado un N uevamente un monumento en Valparaíso ha sido víctima de N uevamente un monumento en Valparaíso ha sido víctima de patriota americano. Para tranquilidad de los nacionalistas, duró solo algunos meses, no le interesaba el poder ni los vericuetos dela política. Volvió a la pri'mera plana a raíz de la guerra contra la Confederación Perú-bolivia¡na en el rol dejefe de la Expedición que marcharía al norte en 1836. Eneserol, fue el remitente de esa famosa carta de Diego Portales en la que señala que la Confederación debía desaparecer para siempre de América, porque Perú y Bolivia unidos eran más que Chile eiban arrebatar la hegemonía de Valparaíso en el Pacífico. Asesinado Portales, Blanco emprendió la expedición que terminó en un completo fracaso. Mal planificada, con soldados enfermos y desmoralizados, el almirante fue burlado por su principal opositor, el boliviano Andrés Santa Cruz. En esta expedición, se revelan algunos rasgos de un almirante que se había quedado en el pasado. En Arica, por ejemplo, mandó a fusilar a un capitán por haber sido cómplice en un robo de la Aduana. A pesar del delito, las mujeres locales clamaban por el perdón y el cónsul inglés se ofreció a pagar la deuda, pero Blanco Encalada quería mostrar la alta moralidad de su fuerza. Este mismoespírituse manifestó cuando ofreció definirla guerraen unenfrentamiento acotado, un grupo de 600 infantes y 200 jinetescontraunnúmero equivalente de confederados. Deesta forma, se podía decidir una batalla sin arriesgar al resto de las fuerzas. Santa Cruz se burló de esta propuesta en privado, pero hizo creer que la pensaba con el Único propósito de desgastar a un ejército que estaba en las últimas. 'Unos días después, al jefe de la expedición nolequedóotra queaceptar untratado (Paucarpata) que no era otracosa que una rendición. Este acuerdo no solo fuerechazado, sino que además Blanco Encalada fue juzgado. Solo su palmarés lo salvó de una condena, pero 'no pudo zafar del juicio público. Siendo justos, era un ejército condenado a la derrota, si se perdía, el gobierno conservador estaba condenadoal fracaso. Muchos años después, a raíz de la guerra contra España, el almirante volvió con su propuesta de un combate romántico entrelas fuerzas navales, sin mayor resultado y Valparaíso terminó siendo bombardeado. Su última misión fue simbólica, le tocó repatriar los restos de Bernardo O "Higgins de Perú a Chile en 1869. Cierro con un dato curioso, el Museo Marítimo Nacional conserva un cuerno auditivo con el que el almirante trataba de remediar una sordera. Quizás con ese aparato se pueda reemplazar la espada. En tiempos de definiciones electorales, sería un gesto sugerente: antes que pelear, es mejor escuchar. .o .o .o. Gonzalo Serrano del Pozo Doctor en Historia Facultad de Artes Liberales Universidad Adolfo Ibáñez
Period27 Apr 2025

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